Berenguer, a la izquierda, con gafas y sujetando un cigarrillo,en febrero de 2004, los últimos días del Víbora.
La noticia llegaba esta mañana a las redes sociales a través de la cuenta de Twitter de Editores de Tebeos: “Ayer murió Berenguer, desde aquí le damos adiós a un amigo, a un compañero y a un editor de calidad”. El “tuit” se refería a Josep María Berenguer, uno de los más importantes editores de cómic en España. Berenguer, cuyo nombre ha llegado a tema del momento en la red social de los 140 caracteres (triste trending topic), ha sido reconocido a lo largo de toda la mañana por destacados autores de cómic españoles y demás personajes de la industria del tebeo a través de blogs y redes sociales. Después de todo, este editor cambió para siempre la historia de la viñeta en España cuando lanzó la revista El Víbora en 1979, junto a un grupo de notables de la Barcelona ‘comiquera’ de aquellos primeros días de la Transición. La web Entrecomics.com recogía esta mañana la historia de la fundación de esta mítica revista, en palabras del propio Berenguer:
“Como yo había viajado a Estados Unidos, me había movido, había vivido en París y tenía un cierto gusto por los cómics, empecé a reunir material de gente. En Barcelona conocí a Nazario, a (Miguel) Gallardo y (Juanito) Mediavilla, a Max… y conocí a gente de El Rrollo. Y empezamos a tener reuniones en La Floresta, en un chiringuito que se llamaba La Casa Blava, que ya no existe, donde hacían unas paellas buenísimas. Y nos pasábamos días allí comiendo paella y discutiendo, hablando de quién haría un personaje, quién haría política, quién haría… no sé, Nazario con los travestis de las Ramblas, Gallardo y Mediavilla con los delincuentes de los barrios periféricos, Max con su lucha contra las multinacionales, (Alfredo) Pons hablando de la juventud descarriada y de las putas… En fin, que intentamos hacer como un muestreo de lo que pasaba en la sociedad de nuestro momento. Y ahí es donde empecé con El Víbora, gracias a Toutain, que me pasó por un lado la pasta, para hacer el primer número, que costaba 800.000 pesetas, y por otro lado el know how, el saber cómo. O sea, dónde comprar el papel, la imprenta, el encuadernador, el distribuidor de kioscos, etcétera. O sea, que fue por casualidad, porque estaba en el paro.”
Como podemos ver en la foto que corona este post, Josep María Berenguer mantuvo su labor de editor para El Víbora hasta su triste desaparición en 2005. Con el fin de la mítica publicación se cerró un capítulo esencial en la divulgación del arte secuencial en este país, que continuó gracias a su editorial hermana, La Cúpula. Gracias a la selección de autores nacionales y extranjeros de la revista y la editorial, muchos descubrimos que el mundo del cómic no acababa en los Astérix, Tintín, Mortadelo y Filemón de nuestra juventud. En sus primeros números, Víbora recogió algunas de las primeras historietas de, por ejemplo, Art Spiegelman, autor del álbum ‘Maus’, galardonado con el Pulitzer en 1992. Muchos tuvimos el orgullo de leer aquella novela gráfica, descubrir una vieja historieta del autor insertada en el relato y pensar “esto ya lo leí yo en el Víbora”. Otros artistas esenciales del cómic underground como Robert Crumb, Gilbert Shelton, Peter Bagge, Daniel Clowes y Joe Sacco también aterrizaron en nuestro país de la mano de esta excelente publicación, que también sirvió para difundir el trabajo de una nueva generación de autores españoles. Mauro Entrialgo, un habitual en las páginas de Víbora, escribía hoy en su cuenta de Twitter: “Berenguer fue la primera persona que me pagó por publicarme una historieta. En 1982 en su Makoki”. Busquen en Twitter el hashtag #berenguerfacts, donde los que le conocían irán contando anécdotas sobre su vida. Una vida, que también es la del cómic de nuestro páis.

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