Me consta que ‘Super 8’ ha devuelto a las salas de cine a más de un cinéfilo de esa generación que creció con ‘Los Goonies’, ‘ET’, ‘Encuentros en la tercera fase’, ‘Regreso al futuro’ y toda la filmografía ochentera de John Hughes. Sin embargo, la última entrega de J. J. Abrams no solo ha acercado a las salas a esa vieja guardia de espectadores, acostumbrados ahora al consumo doméstico via conexión ADSL. La última gran película de extraterrestres made in USA también ha reencontrado a la gran pantalla con aquellos ingredientes que hicieron de Steven Spielberg -productor de esta cinta- el director más popular sobre la faz de la tierra.
Al fin y al cabo, de eso precisamente trata ‘Super 8’. De rescatar ese cine palomitero e ingenuo que alumbró los mayores blockbusters de la década de los 80. En la cinta de Abrams, ambientada en un pueblo de Ohio en 1979, no faltan la inocencia, el sentido de la aventura ni el azúcar de aquellas películas míticas con las que abríamos el post. Igual que ‘Kill Bill’ mete en la batidora de la postmodernidad la esencia de Sergio Leone y de cierto cine oriental, ‘Super 8’ mira a los ojos a películas que a mí me devuelven a la peli de la 1 los sábados por la tarde, a horas perdidas entre estanterías de un videoclub y a las butacas de aquellos cines que uno se encontraba en el centro de las ciudades.
A principios del verano de 1979, la pandilla de Joe está rodando un corto de zombis. Charles Kaznyk, colega de Joe encargado de dirigir la cinta, ha conseguido que Alice Dainard –interpretada por la estupenda Elle Fanning- haga el papel de mujer del inspector protagonista. Durante el rodaje de una escena en una pequeña estación de trenes, el grupo presenciará el espectacular descarrilamiento de una locomotora que cambiará la vida de su pueblo. Por supuesto, hay un extraterrestre detrás de esos cambios. Pero, bien mirado, ese ser del espacio es la última excusa para hacer de ésta la cinta más entretenida del verano de 2011.
‘Super 8’ tiene un arranque sensacional y, dentro de su primera hora, late el corazón de un director perdidamente enamorado con cierto cine de entretenimiento. Luego está ese defectuoso último acto, el consabido azúcar y personajes tan mal perfilados como el padre de Joe. Pero hay algo especial en esa inocencia que comparten argumento y protagonistas. Tal vez el espíritu de un tiempo en que no costaba tanto encontrar una película apetecible en la cartelera. Y no estoy hablando de nostalgia. La última cinta del padre de ‘Perdidos’ es la mar de entretenida, razonablemente divertida y completamente honesta con lo que propone. Ni debería pasar a los anales del cine, como algunos críticos sugieren, ni debería ser enviada al cubo de la basura, como proponen otros. Es, sin más, una película fantástica para escapar durante un par de horas de la rutina. ¿Les parece poco? A mí, desde luego, no.

4 comentarios ↓
1 Hanna // 14 de Septiembre de 2011 a las 15:43
Mala de verdad….
2 Teisiana // 14 de Septiembre de 2011 a las 15:53
Pois a min me pareceu entretida. Iba coa idea dos Goonies e non me defraudou. Penso que estamos demasiado acostumados ás pelis de ritmo infernal que se dan na actualidade… e esta é diferente. Ademáis, levei ás miñas primas pequenas de 10 e 11 anos que, ao parecer tiveron un pouco de medo coa trama… pero quedaron encantadas.
3 Nico // 15 de Septiembre de 2011 a las 15:33
Totalmente de acuerdo.
Una pena que ya no vendan “chimos” en los cines…
4 nominado // 19 de Septiembre de 2011 a las 11:30
Estoy de acuerdo en que es entretenida y que está muy bien ambientada, pero la parte final me pareció decepcionante y para mí no está a la altura de algunos clásicos del género como “Los goonies”.
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