No me pegaba que Clint Eastwood, un tipo tan terrenal, decidiera adentrarse con su cámara en esa luz al final del túnel que uno supuestamente ve cuando le llega la muerte. Articulada, a lo Iñárritu, en tres historias paralelas, ‘Más allá de la vida’ es otra muestra de la solvencia tras la cámara de un director octogenario por el que ya declaramos toda nuestra admiración en este mismo blog. No es ésta su cinta más brillante, ni siquiera una de las mejores que ha rodado en la última década. Sin embargo, la historia no pierde en un solo momento el ritmo y queda correctamente articulada en tres existencias renqueantes, separadas en lo físico, pero unidas por la fina y gris línea que separa lo vivo de lo que ya no lo está.
Una periodista de éxito francesa que sobrevive el tsunami que azotó la costa del Océano Índico en 2004, una pareja de gemelos londinenses que cuidan de su madre drogadicta y un atormentado Matt Damon capaz de comunicarse con los muertos protagonizan esta historia templada y agnóstica. Tal vez sea cierto lo que han apuntado ciertos críticos, que falte algo de guión, que la resolución sea apresurada. Pero ‘Más allá de la vida’ trata un asunto tan espinoso como la muerte sin propaganda que pueda echar para atrás a espectadores con convicciones religiosas o sin ellas. Y, además del sueño eterno y la posibilidad de una vida más allá, trata de un planeta en estado terminal; ajado por la soledad y la desesperación de la vida en las grandes ciudades, las adicciones, las catástrofes naturales y el terrorismo.
‘Más allá de la vida’ es, por todo esto, la visión que nos ofrece de este mundo global del siglo XXI, un cineasta de 80 años con mucho oficio y que, como el Berlanga de ‘París Tombuctú’, tiene más miedo depositado en el futuro que esperanza. No es su mejor película, ya lo hemos dicho, pero tampoco una que debamos dejar pasar de largo.

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