Aviso a navegantes. El que a partir de la lectura de este texto decida leer una obra de Rick Veitch ha de saber que no va a ser algo de fácil digestión y que no sentirá solamente el placer de deleitarse con las viñetas sino que algo más se le retorcerá por dentro. Porque el americano, es uno de los autores de cómic más camaleónicos, extraños y críticos con la propia industria que ha dado madre en los últimos años. Su tono provocador e irreverente ya viene de lejos, junto a Alan Moore se encargó de dibujar la primera escena de parto explícito que se conoce de un superhéroe (Miracleman) o es quién de reunir en una misma historia al monstruo verde del pantano con el mismísimo Jesucristo (La Cosa del Pantano). En fin, que nunca ha estado a gusto dentro de la industria, o fuera de ella. Veitch es de esos culos inquietos que vayan donde vayan imponen su visión y hacen lo que quieren. Algo parecido le ha debido suceder con la tira que hoy nos ocupa: una sátira cruel de la industria del cómic de superhéroes.Niñatos cierra la trilogía que el propio Rick Veitch comenzaría hace un par de años con El Uno y que seguiría con El Maximortal. Ocupado y preocupado por la figura del superhéroe en el tebeo de hoy en día, el americano desmenuza, no falto de ironía, la insigne figura héroe/heroína que nadie se atreve a poner en duda. Excepto el norteamericano que, valiéndose de la figura del sidekick aprovecha la ocasión para replantearse el papel que ha jugado la figura del superhombre con superpoderes en el interior de la industria y, aprovecha como punto de partida la forma en la que la editora DC Cómics mató (por petición popular) a Robin en Una muerte en la familia para apropiarse de todo este universo y darle una vuelta hilarante y, a veces surrealista.Niñatos es un tomo en el que se dejan sentir las tripas del autor en cada una de sus viñetas y se palpa la rabia con la que se ha desarrollado el guión y el dibujo. Y quizá, esta temperamentalidad provoca cierta debilidad en el tratamiento y profunidad del hecho del que se ocupa.A pesar de ello, es de agradecer que tal como está el panorama actual, se publiquen obras arriesgadas como esta. Porque Rick Veitch lo vale y porque una voz crítica siempre es agradecida.
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