¡Qué dura es la pubertad en mucha ocasiones! Entre granos y cambios de humor son pocos los que guardan buenos recuerdos de su etapa como adolescente. Es más, servidor se atrevería a decir que borraría de su mente gran parte las vivencias que una vez ocuparon su tiempo de los catorce a los dieciocho años. Consuela saber (siempre me ha llamado la atención, la necesidad del ser humano por sentirse identificado con algo o alguien durante su vida) que no eres el único que ha atravesado con más pena que gloria la etapa en la que las hormonas están más que revolucionadas y la cosas que te rodean se quitan el antifaz y comienzan a ser lo que realmente son. En fin, que el desencanto se instala en ti y de la noche a la mañana te haces adulto.Nunca me has gustado es una anodina autobiografía. Chester Brown, después de publicar Ed, el payaso feliz y Louis Riel, reaparece en el mercado español cogido de la mano de Astiberri, y nos traslada a sus años mozos. Un mundo en el que los matones de instituto son el pan de cada día que le complican la vida porque todavía no ha soltado un taco; o su madre que estoica aguanta todas las tonterías propias de esta edad y dejará una huella difícilmente borrable; o los primeros amores tan primitivos como incomprensibles. Una narración que parece no contar nada y en la que un personaje con problemas de comunicación lo único que provoca es mayor desesperación en el lector pero, a medida que pasan las páginas le hace darse cuenta de que ahí es donde reside la fuerza de Brown.La máxima de Brown parece estar en el menos es más, desdibujando sus años mozos en apenas cautro trazos cada una de las escasas viñetas que ocupan sus desiertas páginas. No por haber menos dibujos, eso sí, existen menos recursos narrativos. Un control y economía de recursos en pos de un acercamiento total a los contradictorios sentimientos juveniles.Una novela gráfica absorbente, sumamente inteligente y que da buena muestra de la maestría de un autor del que más vale no perder su pista.
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