Desde Farodevigo.es queremos darles la bienvenida a Faro de Caza, un rincón para todos aquellos aficionados este deporte. Profesionales del sector, periodistas, veterinarios y aficionados colaborarán con Faro de Caza todas las semanas, para dar su punto de vista acerca la caza en Galicia. Coincidiendo con el inicio de la temporada, contaremos con resúmenes de las jornadas que, como ya saben, se desarrollan jueves, domingos y festivos, y que estarán plagadas de todo tipo de anécdotas.
Historias de perros, jabalíes, lobos y muchos otros nos acompañarán en esta aventura. Esperamos sus comentarios y sugerencias, para seguir creciendo y para que nuestros lectores se sientan parte del proyecto Faro de Caza.
El equipo de Faro de Caza
INTRODUCCIÓN
Resulta innegable que el hombre es un predador altamente evolucionado. Sin ir más lejos, lo demuestra la ubicación frontal de los ojos que, como en todos los predadores están colocados de esta forma para determinar las distancias de ataque con exactitud. Los herbívoros, es decir las presas, mantienen una mayor lateralidad en su visión, lo que les genera un mayor campo visual, a efectos de garantizar su seguridad por medio de la huida.
He aquí al hombre, la creación última de la evolución, o quizás la mayor infección sobre el planeta Tierra, con su contaminación y su gran capacidad de agotar recursos, con sus casas, fábricas, ciudades, cómodas calefacciones, y su basura alimenticia transgénica. Qué bonito… toda una sociedad occidental, teóricamente moderna viviendo a costa de masacrar económicamente al resto de los países subdesarrollados, y al planeta mismo.
Pero llegados a este punto, surge la mala conciencia. Llega desde las cómodas butacas de polímeros urbanitas, refrigeradas por aire acondicionado. Estos ecologistas de salón, que en nuestras ciudades abundan, son desconocedores de las realidades del campo y han encontrado la solución agarrándose al mejor amigo del hombre, esto es, el chivo expiatorio. El chivo expiatorio es aquel animal que en la tradición hebrea, era abandonado para morir en el desierto cargando con todas las culpas y pecados de los judíos temerosos de Dios.
El ecologismo radical intransigente ha determinado que el chivo expiatorio de las desgracias ambientales sean la caza y los cazadores. Los actuales urbanitas secuestrados por el efecto “Bambi” desconocen que la caza, hoy en día, se asienta sobre unas tasas de abate científicas, producto de planes técnicos cinegéticos, subscritos por biólogos, y fiscalizados por la administración autonómica de turno.
La caza es hoy uno de los mayores generadores de riqueza en el campo, actúa como elemento dinamizador de su economía y como un evidente fijador de poblaciones en el agro. Estamos pues, ante un agente económico de primer orden, que garantiza la sostenibilidad del entorno rural, su equilibrio, y por supuesto, su biodiversidad. Así lo atestiguan, por ejemplo, los programas de traslocación de linces que se están queriendo hacer en Doñana: triplican su población en los cotos lindantes al parque, que son magníficamente gestionados, mientras que dentro de la zona teóricamente de mayor protección, se encuentra mermada su estirpe. Esto se oculta a la opinión pública, puesto que es una verdad incómoda: que después de tantos millones gastados por la administración, sean los cotos de caza los que están gestionando el medio con mayor acierto, y sin costarle un euro al erario público.
He definido al ser humano, al heredero del mono desnudo, como lo que es, como el Homo Cazador, digo como lo que es, y debería, en cambio, decir lo que somos, pues todos nosotros somos herederos de esos instintos venatorios. Sucede solamente, que unos notamos esos instintos, a modo de pulsión, aun correr en nuestras venas, y otros, en cambio no.
Es a día de hoy donde una sociedad urbana sin contacto con la naturaleza, más allá de lo que es una simple idealización de supermercado, se ha tornado individualista, egoísta, violenta, e intolerante para con el que no es igual. Esto es triste. Los principios de igualdad garantizados en cualquier fundamento básico de derecho, son invocados para colectivos minoritarios de toda índole, que orgullosamente reclaman sus fueros. Estos grupos sociales, por pocos que puedan ser, tienen esos derechos, y es de justicia reconocérselos, pero para el colectivo cazador, esto no parece rezar igual.
Los derechos a ejercer la caza sostenible, en nuestro país, intentan negárselos a un colectivo que en España ronda los dos millones de hombres y mujeres practicantes. Un colectivo que es la segunda federación en número de miembros, por detrás del todopoderoso fútbol, y por delante del baloncesto.
En la sociedad actual es visto con buenos ojos el derecho a ser, ejercer, practicar y sentir cualquier tipo de pulsión sexual consentida entre adultos, ello es así, y bien está que así sea. Pero, si la pulsión que un individuo siente en las venas, es el sentimiento predador, como herederos que somos del mono desnudo, no es visto, desgraciadamente, de igual manera por muchos de los que defenderían los derechos de cualquier otro colectivo marginado por complejos sociales, o por lo políticamente correcto.
Dicho en román paladino, estamos ante un reducto de intolerancia y de opresión que, desde algunos colectivos que se autodenominan ecologistas, practican contra nosotros, los hombres y mujeres de la caza.
Hoy, aquel que coja la bandera de la defensa de la caza sostenible y del derecho a cazar, estará cargando con el peso de la lucha por los derechos y las libertades de ciudadanos que no pueden consentir que, en una sociedad democrática como la española, se puedan oprimir, desde la radicalidad, y desde el desconocimiento del medio, a quienes practican su pulsión ancestral, con normas, leyes, e incluso repoblaciones, que garantizan la sostenibilidad de la actividad cinegética.
Francisco Chan







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